¿Estoy donde quiero estar?

 

Compartiendo sofá en una lluviosa tarde de domingo, hemos estado reflexionando acerca de las personas que conocemos, los cuales, a lo largo de su jornada laboral, se están recordando constantemente que están allí por el dinero que llevan a casa. De no recordárselo, cuando se sientan en su puesto de trabajo, a los 5 minutos ya cogerían el maletín y se marcharían.

Ése es el dolor más grande de las empresas: tener personas que no quieren estar donde están.

Es un sentir que percibe el entorno, es algo que se transmite a pesar de querer taparlo. Incluso es algo, que se contagia en la organización y que muy pocos tienen el valor de expresar: “Yo para nada quiero estar aquí”.

Se enfrentan a la resistencia en su estado más puro. Resistencia a vivir lo que están viviendo, de la que surge la queja, la crítica, la desgana, los malos modales, la falta de respeto y un largo etcétera de actitudes negativas.

Todo esto de manera completamente transparente para la persona, va haciendo mella en su cuerpo físico y emocional, desencadenando episodios de estrés, ansiedad, ataques de corazón, afecciones de la piel… hasta que llega el “ahá moment” y se toma conciencia de que estar haciendo lo que no quieres hacer, te está quitando vida o en el mejor de los casos, calidad de vida.

Clientes, proveedores y colaboradores, todos lo perciben o lo experimentan de una forma u otra, impactando negativamente en la organización como tal.

¿Y qué ocurre con el proyecto que tiene en mente la Dirección de la empresa?
Parece difícil conseguir una meta con un equipo compuesto por personas, que no sienten esa meta como suya.

Para evitar que esto suceda, tanto unos como otros, tenemos la responsabilidad de acompañar a nuestros jóvenes a elegir una carrera profesional, que esté alineada con lo que les hace sonreír y por tanto, brillar.

¿Y cómo hacerlo? Aquí aparece el equipo de Zadig deseando recibir el apoyo de todas aquellas empresas que sintonicen con esta misión.

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